El imperio romano es conocido por el desarrollo de calzadas, motivo por el cual se suele decir que «todos los caminos conducen a Roma». Sin embargo, no se ha hablado mucho acerca de la importancia de su tráfico marítimo.
Pese a su dependencia de los barcos para importar grandes cantidades de mercancías, a los senadores se les prohibió poseer barcos (Lex Claudia, 218 a. C.). Por ello, los cuantiosos beneficios del comercio marítimo pasaron a manos de personas de bajo rango y extranjeros.
Los aristócratas no solo te solicitan diversas mercancías que cargas en tus barcos, sino que también están dispuestos a brindarte el honor que mereces. Tus viajes suponen, además, una luz de esperanza para los aristócratas romanos que no pueden emprender negocios en el mar.


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